Historia y legado

Establecimiento de la Fundación

Aunque el nombre de la organización se acortó a la Fundación W. K. Kellogg (WKKF), su énfasis en la protección, desarrollo y promoción de oportunidades para los niños ha perdurado.

Durante gran parte de los años 30 del pasado siglo, la Fundación Kellogg trabajó principalmente en su ciudad originaria de Battle Creek, Míchigan y alrededores. Su primer esfuerzo se centró en la salud infantil a través del Proyecto de Salud Comunitaria de Míchigan (MCHP). El MCHP prestó servicio en siete condados del área centro-sur de Míchigan. Este esfuerzo integral se enfocaba en la educación primaria y secundaria, y en la salud pública en comunidades donde aún eran habituales las escuelas de un solo salón y las letrinas separadas.

La Escuela Ann J. Kellogg –que lleva el nombre de la madre de Will K. Kellogg– fue pionera en la práctica de la enseñanza a niños discapacitados junto a los niños sin discapacidad. Aunque fue una idea revolucionaria cuando se inauguró en 1931, la Escuela Ann J. Kellogg contribuyó a popularizar esta integración como práctica común que continúa implementándose en la actualidad.

Reflejando la convicción de Kellogg de que “La educación brinda la mejor oportunidad de mejorar respecto a las generaciones anteriores”, a mediados de los años 30 del pasado siglo, la fundación experimentó con la educación al aire libre, construyendo escuelas y campamentos de verano en zonas rurales de Míchigan. A la conclusión del experimento en 1940, uno de los campamentos en Clear Lake se convirtió en el primer campamento público escolar abierto todo el año en el estado, convirtiendo la educación al aire libre en parte integral del plan de estudios de las escuelas participantes.

W.K. Kellogg

Desarrollo de la Fundación

En los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, la fundación amplió sus donativos y subvenciones más allá de Míchigan y de Estados Unidos. Más de 450 becas de investigación para profesionales de la salud en Latinoamérica abrieron el camino a amplios programas en el hemisferio sur. En la Europa destruida por la guerra, las becas Kellogg ayudaron a revitalizar y modernizar las economías agrícolas.

Will K. Kellogg falleció en 1951, a la edad de 91 años. Y prácticamente hasta el día de su muerte, se interesó y estuvo bien informado de las labores realizadas por WKKF, que continuaron creciendo. Para el 25 aniversario de la fundación, sus activos ascendían a 124 millones de dólares, casi el doble de la inversión inicial de Kellogg de $66 millones. Su “dividendo anual”, la cantidad gastada en fines de beneficencia, se disparó de $26,000 en 1930, a $4.4 millones en 1955. En sus programas, la fundación se enfocó en áreas claves de especial preocupación en la posguerra: la necesidad de más enfermeras y administradores de atención médica, y la demanda de más institutos politécnicos comunitarios de dos años.

Inspirándose en la fe de Kellogg en la educación, la fundación se comprometió a largo plazo con la recién creada Asociación Americana de Escuelas Preuniversitarias (American Association of Junior Colleges o AAJC, por sus siglas en inglés). El programa de desarrollo de liderazgo de AAJC financiado por la fundación preparó a toda una generación de administradores de institutos politécnicos comunitarios (community colleges) para que mejoraran la eficacia e inclusividad en el servicio a sus comunidades.

WKKF amplió su compromiso con la educación con el lanzamiento en 1968 de su iniciativa de escuelas universitarias y universidades de tradición afroamericana, que pretendía reforzar o desarrollar programas que ampliarían las oportunidades de empleo para egresados de este tipo de instituciones públicas universitarias en Estados Unidos.

El crecimiento sostenido de la fundación prosiguió en las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado. Para su 50 aniversario en 1980, la fundación figuraba entre las mayores organizaciones filantrópicas privadas del mundo. Desde su creación, la fundación ha invertido casi 500 millones de dólares en la mejora de la salud, la agricultura y la educación en cuatro continentes.

Nuevas oportunidades

A mediados de los años 80 del siglo pasado, WKKF mejoró su reputación a nivel internacional ampliando sus programas al sur de África. Haciendo frente al apartheid, las becas de la Fundación Kellogg brindaron oportunidades sin precedente a sudafricanos de raza negra. Las cambiantes necesidades sociales provocaron una evolución en los donativos y subvenciones de la fundación, creándose áreas de programas como la filantropía y el voluntariado, y los sistemas alimentarios y el desarrollo rural.

Los años 90 del siglo XX fueron los del auge de la “nueva economía”. Como la mayoría de las organizaciones modernas, WKKF explotó rápidamente las ventajas de las tecnologías de la información, mejorando los archivos, las comunicaciones y la eficiencia del lugar de trabajo. La fundación también utilizó las becas para combatir la discriminación digital de las millones de personas que no tenían acceso a la tecnología debido a la pobreza, analfabetismo o aislamiento geográfico.

En su 75 aniversario en 2005, los activos de la fundación ascendían a un total de casi 6 mil millones de dólares. Y en esos 75 años, la fundación había concedido donativos y subvenciones por un valor de más de 3 mil millones de dólares.

Pero como dijo Will K. Kellogg en una ocasión: “El dinero no forja el carácter”. Conforme aumentaban sus activos, la fundación ha seguido buscando nuevas formas eficaces de promover su visión de un mundo “en la que todos los niños puedan progresar”.

Una fundación en constante evolución

Para reenfocarse en los niños en situación vulnerable y renovar su compromiso con el propósito original de Will K. Kellogg, en 2007 la fundación adoptó su actual declaración de intenciones: “La Fundación W.K. Kellogg apoya a los niños, a las familias y a las comunidades a medida que crean y refuerzan condiciones que ayuden a los niños desfavorecidos a alcanzar el éxito como individuos y como impulsores de la prosperidad de la comunidad y de la sociedad a mayor escala”.

En 2007, WKKF también se unió a un pequeño grupo de fundaciones que buscaban emplear sus activos de forma más eficaz preservando y aumentando al mismo tiempo su fondo de subvenciones. Siguiendo un programa piloto de inversiones orientadas a objetivos, la fundación está invirtiendo fondos de manera que se generan beneficios financieros y sociales, un concepto que se conoce también como “inversiones de doble propósito”. Y con el renovado énfasis de la fundación en el aprendizaje, y aplicando los conocimientos adquiridos a raíz de estas inversiones, el concepto puede considerarse “una inversión de triple propósito”.

En 2012, los activos de la fundación habían aumentado a más de 7 mil millones de dólares, más de 100 veces la cantidad de la inversión inicial de Will K. Kellogg de $66 millones.

La fundación dio otro paso al frente para hacer realidad su visión, adoptando un nuevo marco estratégico. Anteriormente, tanto la organización como sus donativos y subvenciones se estructuraban en torno a áreas de programas individuales. El marco actual se cimenta en más de 80 años de experiencia, reconociendo que el desarrollo óptimo de los niños depende de un intrincado tejido de elementos: Educación y aprendizaje; Alimentación, salud y bienestar; y Seguridad económica de la familia que reflejan la concepción de que todos juegan papeles interconectados en la creación de un entorno en que se protege a los niños, se les educa, equipa y estimula para que tengan éxito.

Legacy Essays

Los niños y niñas son primero

View Translated Content
1 /
images
Español An Kreyòl
Previous Next

“Empleen el dinero del modo en que crean conveniente, siempre y cuando promueva la salud, la felicidad y el bienestar de los niños.” - Will Keith Kellogg

“Sèvi ak lajan an jan w vle depi se sante timoun, byennèt timoun ak kè kontan pou timoun w ap ankouraje.” - W.K. Kelòg